Educar entre el algoritmo y el aula

Actualizado: 18 ago
El mundo cambió y la educación tiene el desafío de acompañar ese cambio.
La información circula en redes. Los trabajos se desarrollan en plataformas. Los Estados incorporan herramientas tecnológicas. Gran parte de la vida social ocurre en entornos conectados. Ignorar esta realidad sería cerrar los ojos ante un cambio que ya está en marcha y crece a pasos agigantados. Nadie duda hoy que lo digital, la revolución acelerada de la inteligencia artificial y los nuevos vínculos tecnológicos son parte de nuestra vida cotidiana, pública e íntima. Con todo ello, surgen oportunidades, pero también enfrentamos múltiples riesgos.
La pandemia y la educación
La pandemia expuso con claridad una necesidad latente: pensar la educación y la tecnología como partes de un mismo sistema. Cuando las clases se trasladaron a las pantallas, docentes y estudiantes convirtieron sus hogares en aulas. En muchos casos, esto funcionó y abrió nuevos universos para la educación; en otros, no tanto.
Lo que está claro es que esta experiencia nos dejó una enseñanza fundamental: garantizar el derecho a la educación hoy implica también asegurar conectividad, acceso a tecnología y nuevas formas de enseñar y aprender.
El contexto digital actual
Vivimos en un mundo profundamente digital. La escuela y la educación no deben quedar al margen. Hablar de educación digital no significa simplemente repartir computadoras, pensar en wifi o instalar plataformas. El verdadero desafío es más profundo. El debate es amplio y colectivo.
En nuestra provincia, Santa Fe, todavía existen brechas importantes en el acceso y uso de la tecnología. La geografía, la realidad económica y los grupos sociales determinan el acceso a entornos digitales. Por eso, son necesarias políticas contextualizadas e igualadoras.
No es lo mismo una escuela de un pueblo del norte de la provincia que una de una gran ciudad. Tampoco es igual la situación de un adolescente que comparte un dispositivo con su familia que la de un niño que cuenta con su propia computadora. Además, no es lo mismo una maestra que planifica desde su celular que un profesor que prepara sus clases en una sala de computación de una comuna. Estas realidades muestran que, al hablar de tecnología en educación, debemos reconocer las diferencias existentes y trabajar para que no se profundicen las desigualdades.
Derechos digitales en la educación
Durante la Convención Reformadora de la Constitución provincial del año pasado, dimos y sostuvimos este debate. Impulsamos con fuerza la incorporación de los derechos digitales como parte del marco de derechos que el Estado debe garantizar en el siglo XXI. Afirmamos que hoy gran parte de la vida de las personas transcurre en entornos digitales: allí estudiamos, trabajamos, participamos e incluso debatimos sobre asuntos públicos. Por eso, el acceso a internet, la protección de datos personales y la igualdad en el uso de las tecnologías ya no podían quedar fuera de la discusión sobre derechos.
Es necesario reflexionar y actuar con el compromiso de todos los actores involucrados: gobiernos, Poder Legislativo, docentes, equipos directivos, familias y la comunidad en su conjunto. La escuela tiene un rol urgente y protagónico: es la institución común y democrática para muchos. Pero debemos ser claros: la tecnología por sí sola no transforma la educación. La experiencia de estos años lo ha demostrado. Los y las docentes no son los únicos responsables de este proceso, pero sí son actores insustituibles para hacerlo posible.
El rol del Estado en la educación digital
El Estado, con todo su potencial, debe acompañar y marcar este camino. Es innegable que Santa Fe está enviando mensajes claros sobre este tema. En los últimos días, el gobierno provincial anunció nuevas iniciativas vinculadas a la incorporación de tecnología en el sistema educativo, especialmente un programa de Educación Digital para todas las escuelas del territorio provincial. Desde la legislatura, también hemos presentado varios proyectos: Ley de Educación Digital, Ley de protección de niños, niñas y adolescentes en entornos digitales y Ley de Ludopatía, entre otros.
Oportunidades para el futuro
En definitiva, la cuestión pasa por preguntarnos qué oportunidades queremos garantizar para quienes habitan la cotidianeidad de la tecnología y para las generaciones que vienen. Si logramos que cada estudiante tenga acceso a herramientas y recursos digitales, formación crítica y acompañamiento sostenido desde el ámbito educativo, estaremos dando un paso importante hacia un futuro que ya llegó.
Por eso, la educación de hoy y para el futuro debe ser digital. Pero su sentido siempre será profundamente humano.


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